Jeanine Meerapfel: “La lucha por la memoria no termina”

Jeanine Meerapfel en Mar del Plata (Télam)

Jeanine Meerapfel es una cineasta argentino-germana, que ha producido una marca imborrable relacionada con la memoria y los derechos humanos cuando en 1988 presentó su película La amiga protagonizada por Liv Ullmann y Cipe Lincovsky. Las protagonistas eran dos viejas amigas, una que había partido al extranjero y otra que vivía en Buenos Aires y había sufrido la desaparición de su hijo. La película construía una tensión entre la memoria y el intento de olvidar, y fue una de las primeras que contaron con una mirada inteligente e inquisitiva, la relación de la sociedad argentina con la dictadura cívico militar.

En esta edición del Festival Internacional de Cine de Mar del Plata, Meerapfel viajó para presentar su última película, Una mujer. La película bucea en los orígenes de Marie-Louise Chatelaine, madre de la realizadora. Malou, como todos la conocieron, fue abandonada, sufrió violencia, se enamoró, cambió de religión, vivió en Francia, Alemania, Holanda y Argentina, tuvo una vida acaudalada, fue engañada, separada de su hija y terminó sola en una condición miserable. Meerapfel realiza un minucioso recorrido por cada uno de los lugares donde vivió desde fotos y películas y en el presente. En el proceso de reconstrucción de esa historia personal se relaciona con su madre ya fallecida y la conoce más allá de los relatos de infancia. Pero a la vez da cuenta de la historia turbulenta de un momento de la historia que incluye hambrunas, nazismo, exilios, patrias traspuestas y dictaduras, a uno y otro lado del mundo.

La realizadora voló desde Alemania a Buenos Aires y allí, luego de un percance mecánico con el auto que la iba a trasladar a la costa, se subió a un taxi, y desde Ezeiza fue directamente a la sala de cine para acompañar la primera proyección del film. Finalizada la misma, Meerapfel se sentó en una butaca entre los espectadores y conversó con mucho entusiasmo con ellos. Esa escena de encuentro amable se repitió en cada una de las tres funciones.

"Una mujer" recrea la historia de la madre de la directora
“Una mujer” recrea la historia de la madre de la directora

“Estamos mirando hacia el mar en un día esplendoroso. La gente es amable, la gente está contenta porque está descansando. Así que estoy bien, estoy realmente bien”, dijo en el comienzo de la charla con Infobae Cultura. “Lo más fantástico es que se pasó la película tres veces, y las tres veces el público respondió con muchísima empatía, con muchísimo amor. Tanto jóvenes como viejos vinieron hacia mí diciéndome que era su historia y que se conectaban mucho con lo que conté, con esta narración”, comenzó diciendo con la misma calidez que en sus encuentros con los espectadores.

Actualmente Meerapfel preside la Academia de Arte de Berlín, siendo la primera mujer que ocupa el cargo en la institución, que tiene más de 300 años. A pesar de esa pertenencia y los años que lleva viviendo en Alemania, su modo de expresarse es claramente argentino. “Digo que es mi país”, repite en dos oportunidades en la película.

— En la película aparece algo que todos podríamos preguntarnos, y creo que eso impacta en el público ¿cómo fue la vida de nuestros padres? ¿cómo fue en lo cotidiano? Una mujer cuenta también parte de la historia de todos, de parte del siglo XX ¿cómo llegaste a pensar en esta película y a poder ponerla en el presente?

— Digamos que tiene que ver con mi obsesión de comprender qué es la memoria y qué importancia tiene la memoria dentro de nuestras vidas. En Fahrenheit 451 las personas tratan de memorizar textos porque saben que los libros van a desaparecer. Bueno, esa es la actitud que tengo cuando encaro la narración de una historia. Lo que quiero es que valoremos la memoria, que valoremos lo que quiere decir para nuestras identidades; pensar en lo que fue y tratar de ponerlo en un contexto social y real. Por eso tiene menos que ver con mi autobiografía o con conmigo. La utilizo para hacer este trabajo de memoria, que tiene que ver con la necesidad de toda sociedad, según mi punto de vista, de recordar y, a través del recuerdo, cambiar un poco nuestras actitudes de vida

— Lo que ocurre con la historia de tu mamá trae claves para entender también el siglo XX. La violencia intra familiar, las dictaduras, la opresión, el patriarcado. Son varios tópicos que se cuentan a partir de recuperar la historia de tu madre.

— Sí, y yo creo que trato claramente la historia de una mujer. De una mujer que pareciera que está en este torbellino de cosas que le pasan y no se defiende, no toma ella poder para defenderse. De ahí la pregunta también que se puede poner desde hoy, ¿cómo las mujeres podemos tomar el poder de nuestras propias vidas? Esa es también una de las razones para hacer esta película, porque esta película te muestra que sí dependés totalmente de un hombre, vas a perder tu identidad. Entonces se trata también de salvar tu identidad a través de la memoria.

Hay algo fantástico porque las cosas van cambiando según vivís. Entonces eso también me interesaba. ¿Cómo es la historia ahora? ¿Cómo será la historia después? Yo puedo rehacer algo de la historia de esa mujer que fue mi madre, pero a la vez preguntarme qué estoy haciendo y qué estoy viendo.

El armado del guion duró tres años
El armado del guion duró tres años

— La aparición de tu voz aparece de un modo extraño, porque es una voz que se habla a sí misma muchas veces en el pasado hablando de tu madre, pero que al mismo habla desde el presente. Y en esa extrañeza, ya que no sabemos si lo que resuena es el pasado o el presente, aparece la construcción de memoria. ¿Cómo trabajaste esa idea con el texto y tu voz?

— Esa fue una apuesta que yo hice. Porque se trata de cómo voy a contar, no solo qué voy a contar. Yo no la inventé, digámoslo bien claro, lo hizo Chris Marker y lo hicieron otros antes que yo. Tal vez no con esta insistencia brutal que le hago yo, pero se hizo. Estoy segura de que si utilizas la voz como uno de los hilos que van llevando la historia, en este caso, me pareció que sería posible obtener este resultado. Sé, además, que mi voz tiene un tono que se puede soportar bien durante un largo rato. Y entonces pensé ¿por qué no tratar de hacer un relato casi literario, te diría yo de ensayo literario, y a la vez trabajar con todas estas imágenes? Es una apuesta de narración, de probar una forma de ensayo que que a mí me interesa mucho en el cine.

— En la película hay una cantidad importantísima de imágenes que evidentemente han recogido a tus familiares a lo largo del tiempo. ¿Cómo te encontraste con esas imágenes? ¿Estaban todas juntas y trabajaste con ellas o fueron apareciendo con el tiempo y fuiste a buscarlas y recuperarlas?

— Yo vivo con todo ese material desde que me puedo acordar. Cuando murió mi madre yo me llevé cajas de su casa hacia Alemania. Algunas cajas no las abrí nunca. Otras las abrí en ese momento, hace muchos años. Tanto es así que en una de mis primeras películas, en el país de mis padres (NR: Malou), aparecen algunas de las tomas que había encontrado en ese momento. Pero ahora las abrí en serio y empecé a decir, ¿pero qué es todo esto? Y como no las podía ver todas en proyección, porque el material estaba muy seco y se rompía, hice digitalizar todo y empecé a verlo. Y vi que había cosas absolutamente increíbles. Estos locos filmaron hasta su huida de Lisboa a la Argentina. Filmaron el barco con el que se vinieron, es decir, cosas que uno no espera en un material casero.

Ese material estaba ahí, y yo trabajé con él de otra manera. Empecé a escribir y ver cuál era mi hilo conductor. Después agarraba las imágenes y las imágenes me transportaban, entonces le daban contexto y de repente me llevaban a otro lado. Era un juego dialéctico permanente con este material que yo tenía.

Meerapfel dialogó con el público en las tres funciones de la película
Meerapfel dialogó con el público en las tres funciones de la película

— Respecto de la investigación sobre cada uno de los lugares donde vivieron tu padres antes de llegar a Argentina ¿Cómo lograste llegar a toda esa información?

— Justamente las cajas. Estas cajas que estaban ahí, estaban llenas también de papeles. De cartas, de telegramas, papeles de juicios, todo eso se ve en la película. Ella guardó todo. Mi madre guardó estos materiales durante toda esta época, hasta materiales que hablan mal de ella. Todo.

Como con una especie de respeto hacia ella, hago lo mismo. Agarro todo ese material, pero lo pongo en un relato y trato de contactarlo con una realidad. Así que la cosa resulta muy dialéctica. Por un lado yo tenía el material y por el otro yo sabía lo que quería contar. Fue mucho laburo, mucho laburo. Tres años de laburo para preparar la película, no para filmar. Tres años de pensar, elaborar, desesperar, decir esto no lo puedo hacer, esto me gana. Paremos, volvamos.

— Como si tu madre hubiera tenido ganas de que alguna vez toda esa historia se contara, ¿ pensaste eso alguna vez?

— No, no lo pensé. Eso no lo sé. Pero seguro que de alguna manera ella me legó todo esto, sabiéndolo o no sabiéndolo. No sé si sabía lo que me estaba legando, pero me lo legó.

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— Hay una pregunta que te hace un protagonista ocasional, el hijo de la familia que ocupa una de las casas en que vivieron tus padres. Me quedé con esa pregunta y me la apropio ¿qué sentías cuando visitabas esas casas?

— En esa casa no me pasaba nada. Este muchacho turco vive en lo que fue la casa de mis abuelos y de mi padre, en un pequeño pueblo del sur de Alemania. Yo con esa casa no tenía ninguna relación. La visité, pero nunca la viví. Entonces, para mí encontrar a esta familia maravillosa turca, con estas chicas locas que empiezan a hacer cosas con las fotos, fue hermoso.

¿Sabés lo que siento? De alguna manera me siento muy orgullosa de haber encontrado la manera de contar eso. Siento que crecí para contar, y que crecí para contar así. Eso es lo que siento. Siento orgullo de poder haber pintado una historia que es la historia de todos, o de todas más bien, y que de alguna manera se conecta mucho con las historias de otras personas. Entonces haber podido hacerlo a mí me da mucho placer y mucha alegría.

Por un lado he perdido muchas cosas en el camino, como todo el mundo, pero he hecho algo para rescatar la memoria y eso me parece que lo logré. Eso me pone muy contenta. Lo siento cuando vienen chicas de 23 años a hablar conmigo después de la proyección y me dicen “esta es mi historia”. O muchachos para decirme gracias y pedirme que les firme el ticket de entrada, porque estaban muy emocionados y de alguna manera muy relacionados con lo que cuento. Para eso trabajamos, para eso hacemos cine.

— En la película hablás sobre la imagen y la memoria. Me gustaría que nos dejes una reflexión a propósito de la relación entre imagen memoria.

— En un momento yo digo que el recuerdo de mi madre se fija, en parte, en las fotos. Y que con las fotos pierdo la cercanía, el sentimiento de sentir su piel o imaginar su piel, imaginar su olor. Es decir, las fotos de alguna manera cierran esa cercanía física que uno tenía en la memoria.

Pero hay dos maneras de pensarlo. Es posible que yo con esta película también cierre algunas cosas para mí. Pero como te digo, esto es un ejercicio estético y ético de memoria. En este ejercicio que sea mi recuerdo personal, no importa; que sea mi madre, tampoco importa. Importa que yo encuentre la forma de contarlo y que la forma de contarlo nos refiere a todos nosotros. Ese es el camino. Entonces hay algo raro con la memoria. Por un lado, la memoria puede abrirte nuevas sendas. Por el otro lado también te muestra que es hasta acá. Hasta acá y no más.

Una de la cosas más inteligente que hice en mi vida es traer esta película acá. Yo no lo sabía tan claramente. Pero este es el público. En la Argentina la gente se relaciona enormemente con esta historia. En Alemania va a ser distinto, no sé qué va a pasar allá. Fue muy bueno decir sí a estrenar mundialmente en Mar del Plata, ese es el lugar donde tenía que mostrar mi película por primera vez. Este público para mí no te imaginas lo que es.

Escena de "La amiga", de Jeanine Meerapfel
Escena de “La amiga”, de Jeanine Meerapfel

– 35 años después de habernos sacudido con “La amiga” que nos vino a mostrar algo que nosotros no estamos viendo, contado de una manera que no lo estábamos diciendo ¿cómo ves lo que pasó en relación con las luchas por la memoria, la verdad y la justicia en el país?

— Creo que hubo un avance fantástico y la lucha sigue. Está claro que no termina la lucha por la memoria. Es algo que a abanderaron las Madres, que son el gran ejemplo para todas nosotras. Pero también hubo más luchas. La lucha por el aborto legal, que ganaron las mujeres realmente, y hubo otras luchas para reivindicar los derechos de la mujer. Han pasado esas cosas y podemos estar muy orgullosas de que hayan pasado así y acá.

La gran herida de este pueblo no se ha cerrado y no va a cerrarse hasta que no se aclaren todos los casos de desaparición y de asesinatos. Eso es importante, la memoria no es un perfume de Chanel, es un trabajo arduo y constante. Es un trabajo político, profundamente político. Entonces yo considero que también mi película es política. No son solo cosas emocionales, sino que son cosas profundamente sociales y políticas.

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Jeanine Meerapfel: “La lucha por la memoria no termina”