Batman Day: 5 versiones de el Caballero de la Noche que nos cambiaron para siempre | Código Espagueti

Este 18 de septiembre se celebra una edición más del Batman Day… una fiesta que DC Comics se inventó para celebrar al justiciero más famoso de sus cómics, así como para recordarnos que cada año que pasa existe un nuevo producto de Batman al que debemos ponerle atención; sin importar si es nuevo, un refrito o solo un reestreno o adición a HBO Max. Siendo menos sínicos, es un día para celebrar a Batman y para los nerds del mundo nunca está de más recordar al Caballero de la Noche.

Obviamente, Batman es uno de los personajes favoritos en Código Espagueti, lo que nos deja ante un buen momento para festejar a la creación de Bob Kane y Bill Finger, pero de modo más personal. Por lo tanto, nos hemos reunido como los Super Amigos para escribir un poco sobre nuestras versiones de Batman favoritas. No sobre cuál es el mejor Batman y por qué, sino cuál es el Batman que nos marcó y nos hizo entender y disfrutar del justiciero.

Definitivamente la lista de Batman disponibles es MUY larga… mucho más que otros personajes de DC Comics. Con más de 80 años de historietas, varias versiones cinematográficas, cientos de capítulos animados y varias entregas de videojuegos, pero por lo menos existe una versión de Batman que es capaz de despertar ira, amor, compasión o respeto por su labor de justiciero. Así que empecemos con este pequeño homenaje al llamado mejor detective del mundo por parte del staff de Código Espagueti.

Jorge Garay y el Batman de la Liga de la Justicia

Era niño, no sabía nada de los impuestos y la mayor parte de las cosas que veía en la tele parecían ser alcanzables… con un poco de esfuerzo y paciencia podría ser un astronauta, un arqueólogo o incluso ser un superhéroe como Batman. Y no hablo del atormentado e hiper violento enmascarado víctima de su propia ciudad que todos ubicamos gracias a las trilogía de Nolan, la visión de Snyder o los videojuegos de Arkham. Me refiero a un Batman más esencial; al héroe calmado, ingenioso, valiente y que era el cerebro de la Liga de la Justicia del 2001.

Ese era mi Batman favorito y lo sigue siendo hasta ahora. Era un Batman que cuando se formó la Liga de la Justicia dijo “no soy realmente muy sociable, pero si me necesitan, llámenme, sé que lo harán”. El Batman de la Liga de la Justicia en su versión animada era un clásico superhéroe y no una reinterpretación de un forajido sin ley. Sin embargo, la caricatura jamás ocultó que el personaje era oscuro y con severos traumas, y, pese a esa carga de conflicto, el enmascarado siempre apareció para interponerse entre una amenaza y el desprotegido, para saltar sin miedo y salvar el día, para calmar el conflicto, acompañar en la desdicha… para ser un aliado del bien.

Imagen: Warner Bros. Interactive

Sí, ese Batman tenía todo lo de otros Batman “más oscuros”, pero contaba con algo más interesante ¿sabes? Tenía compañeros y quizá amigos. Olvídate de la Batifamilia y su bien conocida relación vertical de mentor-aprendices, aquí Bruce Wayne estaba entre colegas. Si recuerdo a ese enmascarado con tanto cariño es porque él no se mostró solo ni encerrado en su turbio mundo. Nuestro murciélago, a lo largo de esos 52 capítulos que conforman Liga de la Justicia, se permitió conocer a otras personas extraordinarias que pertenecían a mundos paralelos e igualmente complejos al suyo. Ese Batman no era el centro del mundo, era partícipe de un escenario infinitamente más rico y lleno de posibilidades.

Me gusta pensar que ese caballero oscuro nos enseñó, a muy temprana edad, la importancia de formar vínculos con personas distintas a nosotros y a abrazar la diferencia. De adulto, me agrada confirmar que la mayor parte del tiempo, las grandes ideas se generan en la colectividad o, mejor dicho, en la tensión de las distintas personalidades y no en el aislamiento narcisista. Esas extraordinarias ideas y acuerdos se logran sin dejar de ser uno mismo, como aquel Batman estoico que siempre estuvo para la Liga, pero también para Ciudad Gótica.

El Batman de La Liga de la Justicia me inspiraba a ser como él. Igual de fuerte, igual de preparado, libre de miedo. Claramente todavía no lo consigo, pero a veces pongo el intro de la caricatura, escucho con atención esas trompetas solemnes e imagino que he conseguido esa fortaleza.

Jesús Zamora y el Batman de Año Uno

La primera vez que leí Batman: Year One fue en una vieja pasta blanda que la extinta Editorial Vid publicó en el ’99. Yo lo adquirí cerca de 11 años después, en los saldos de una de las tantas librerías que hay en Donceles, fascinado por haberme hecho con una obra de Frank Miller por menos de cincuenta pesos; lo devoré a escondidas en uno de mis turnos nocturnos de cuando trabajaba en una estación gasolinera al sur de la Ciudad de México.

Advenedizo en el mundo de las historietas, Año Uno se presentó ante mí como una obra avasalladora. En ese entonces pocos cómics había leído en mi vida, y ninguno
hasta ese momento me había presentado con tanto realismo a uno de estos fantásticos personajes con mallas y capa. Batman nunca había sido uno de mis superhéroes favoritos, pero el trabajo del citado Miller y el legendario David Mazzucchelli puso en perspectiva toda mi noción del personaje.

Imagen: DC Comics

De esta manera descubrí que el Hombre Murciélago podía ser más que una moderna versión del Zorro: un detective como los puede uno encontrar en las novelas de Raymond Chandler o en los episodios de True Detective. Claro, en ese entonces yo no tenía ni idea de quién era Philip Marlowe ni me había enamorado de Matthew McConaughey con su interpretación de Rustin Cohle, pero de todas formas noté que en el sucio realismo de Batman: Year One se encontraba la veta que mi imaginación quería explorar.

Con el tiempo me fui acercando a otras obras de Miller, decepcionándome conforme sus títulos se iban acercando al nuevo milenio. También busqué todo lo posible de Mazzucchelli, que es poco, y para mi sorpresa su adaptación de Ciudad de Cristal, y su obra magna, Asterios Polyp, me descubrieron otro par de grandes obras del mundo de las viñetas. Pero ninguno de estos tebeos llegó a cautivarme tanto como lo hizo Año Uno; ni siquiera la portentosa Daredevil: Born Again. Quizá sea por esta razón que le tengo tanto cariño al cómic que nos ofreció una versión actualizada de las primeras aventuras del Hombre Murciélago, uno que se encuentra entre mis favoritos, a lado de obras como Alack Sinner o From Hell.

Imagen: DC Comics

Desde entonces, mi juicio para acercarme (o no) a las historias del Hombre Murciélago ha sido el siguiente: “A mí no me vengan con Batman sentado en la silla de Metron
ofreciendo extractos de filosofía cósmica, que yo estoy buscando al detective verdadero: el que se equivoca, el que aprende, el que busca en los resquicios del crimen la respuesta de un verdadero móvil humano”. Es decir que, para que me guste Batman, necesito que alguien lo escriba y lo dibuje considerando realmente las raíces del personaje.

Samantha Guerrero y el Batman del ’66

Todos recordamos a Adam West, el mítico actor que encarnó a Batman entre los años 1966 y 1968, y quien hasta el momento ha sido una de las interpretaciones más emblemáticas del Murciélago. Como olvidar aquella primera aparición de nuestro héroe, que, para obtener información de El Acertijo, debe acudir a una fiesta y sacar sus mejores pasos inspirados en el Watusi, ritmo muy popular durante esa época. Sí, este Batman resolvía conflictos bailando y quien diría que las batallas de baile funcionarían muy bien.

West es quien, sin duda, dio a conocer al Hombre Murciélago alrededor del mundo; a pesar de que no fue el primer actor en interpretarlo, Adam West sí lo convirtió en un ícono de la cultura popular, por su comicidad y estilo. Los cómics de este héroe eran muy coloridos en aquella época, pero el verlo en televisión, se trató de todo un suceso. De hecho, este Batman fue muy cercano a las primeras historietas del personaje, y un claro ejemplo es la interpretación de las onomatopeyas clásicas (aquellas como Zoom, Zap!, Zaaaz!) e incluso no podemos olvidar los colores que sobresalían de la pantalla de forma única.

Imagen: FOX

Batman del ’66 nos hizo sentir como si estuviéramos dentro del cómic, mientras buscaba mantener a salvo a una Ciudad Gótica bastante colorida y llena de villanos algo cómicos. Se debe destacar que West no personificó a un Bruce Wayne atormentado por haberse quedado sin padres, sino que hizo el papel de un millonario muy liberal, cuyo amor radicaba en los secretos de la Baticueva; un sótano donde podía jugar con las más grandes fantasías del hombre americano.

Adam le dio ese toque especial al hoy Caballero de la Noche, con sus bailes, su traje estilo pijama y las peleas que fueron dignas de una caricatura… como aquella vez que apareció en la playa con un traje de baño, pero sin olvidar su traje de héroe durante una competencia de surf contra ni más ni menos que El Guasón. Y en la actualidad, podemos reconocer a este personaje gracias a la canción que daba la introducción del programa, la melodía de rock surfero que repetía una y otra vez: “Tara ra ra ra ¡Batman!”, misma que podía quedarse en tu cabeza por días, lo que le agregó un toque más especial a este héroe. Por extraño que hoy nos parezca, esta canción es uno de los emblemas que marcará por siempre a Batman.

Julio Colín y el Batman Por Siempre

Batman: Forever no es un simple VHS, sino uno de los últimos pedazos con vida de mi infancia. A los 14 años dejé de ser un niño. Vaya, aún me veía como un niño, y me recuerdo cagadísimo: con sobrepeso y una voz que me hacía sonar como una caricatura. En la escuela sufrí de bullying por mi aspecto. Me apodaron Pequeña Patata Jr. Pero en mi interior todo era más triste. Ya no me sentía como un niño. Las cosas que antes me importaban, como mi GameBoy o mi colección de juguetes de Marvel, de un día a otro dejaron de ser importantes.

De alguna forma todos traicionamos a los niños que alguna vez fuimos. Pero yo me arrebaté toda una etapa de mi vida. Antes de este cambio: dibujaba cómics, veía montones de películas y series de anime, no me importaba mi aspecto, el dinero, las enfermedades ni la muerte. Pero si bien me he deshecho de casi todos los recuerdos de mi niñez, el otro día me reencontré con este viejo VHS de Batman: Forever, que me escupió en la cara que alguna vez, güey, la pasé bien chingón.

Imagen: Código Espagueti

Batman: Forever no es la mejor película de Batman. Es aburrida e incluso el propio Val Kilmer la odia, pero por alguna razón yo amaba verla mientras comía dulce de membrillo por las tardes. Todo era simple, y eso sin mencionar que en aquella época mi familia y yo nunca visitamos el cine. No importaba las carencias. ¿Por qué los niños son felices con tan poco como un cassette de Batman?

Mi papá era la clase de avaro que también me enseñó a disfrutar la piratería. No importaba la calidad de las imágenes, mientras se vieran, bastaba. Pero esta fue una de las pocas cintas originales que alguna vez tuve, incluyendo una copia de The Rocketeer -que jamás devolvimos al VideoCentro-, y eso también la hace especial. Batman: Forever, y la niñez que perdí por siempre.

César Ovando y el Batman de Arkham

Una de las cosas que más recuerdo de mi etapa en el bachillerato fue aquella vez que regresé a mi casa con una sola cosa en mi cabeza: hoy acabó Arkham Asylum. Lanzado en 2009 por parte de Rocksteady, Batman: Arkham Asylum se convirtió de la noche a la mañana en el mejor videojuego de un personaje inspirado en un cómic, y no era para menos, pues lograba mantener un equilibrio perfecto en todos los elementos que componen al Caballero de la Noche. Justamente esa combinación fue la que nos deja ante el juego perfecto de Batman, uno en el que cualquier puede decir “me siento Batman” tras tomar el control.

Batman está muy lejos de ser uno de mis personajes favoritos, sobre todo por la enorme conversación que hay entre los fans de DC Comics en donde lo tachan de invencible, así como aquellos que resaltan el poder del guion con la frase de “Batman siempre tiene un plan”. La torpeza narrativa que ha dado origen a ambas ideas es lo que me ha alejado del personaje, sobre todo en momentos recientes como el Multiverso Oscuro de DC Comics o el infalible Batman del universo animado; además, tener a Batman en TODOS los productos de DC me ha dejado exhausto.

Imagen: Warner Bros. Interactive

Sin embargo, dentro de la tetralogía de Arkham (contando Origins), Rocksteady y Warner Bros. Montreal lograron que Batman no se sintiera invencible, con situaciones que me permitieron adentrarme por completo a las campañas del juego sin sentir que todo iba a salir bien para el multimillonario de Ciudad Gótica. El Batman de Arkham se equivoca, confía en las personas equivocadas y queda todo madreado al final de cada juego, pero se levanta como el típico héroe de los cómics. De ahí que yo pudiera comprometerme por completo con la historia, los coleccionables y cada pequeña pista que inspiraba los easter eggs, misiones secundarias o escenarios de los cuatro videojuegos.

Al final, el viaje fue bastante glorioso, con una historia de Batman que no sintió la necesidad de repetir por millonésima ocasión la muerte de los Wayne y en donde el final resultó ser justamente la despedida de el Caballero de la Noche para ese universo. Un Batman que se enfrentó a su locura tras vencer a su mayor enemigo y que jamás pudo encontrar la paz que tanto anhelaba. Un Batman que nunca actuó solo y siempre entendió la importancia de cada uno de sus colegas. Y claro, un Batman al que pude controlar durante meses y que me enseñó el poder detrás de uno de los personajes más importantes y valiosos de la cultura pop.

Ahí lo tienes, estos son los 5 Batman que marcaron al staff de Código Espagueti. Ahora es tu turno, cuéntanos cuál es tu Batman favorito.

***

Cada semana en Zoom In podrás conocer un poco más sobre la tecnología, gadgets y servicios en línea que usas todos los días. Suscríbete ahora a nuestro canal de YouTube.

Article: Source