Cómo entender la apuesta de Elon Musk por Twitter | El especialista en redes sociales y política Ernesto Calvo analiza la jugada del multimillonario

“En Estados Unidos, comprar Twitter es como comprar el New York Times. O sea que no es menor”, explica Ernesto Calvo mientras va camino a la Universidad de Maryland, cerca de Washington D.C., y donde dirige el Laboratorio interdisciplinario de Ciencias Sociales Computacionales. “Teddy Roosevelt decía ‘hablá suave y lleva un garrote’. Ser dueño de Twitter tiene el mismo efecto. Es la amenaza de controlar la plataforma lo que produce ya un efecto político importante. No es cierto que tener Twitter implique que Musk lo use efectivamente como arma política. El valor político de poder subir o bajar cuentas o de manejar la estructura de recomendaciones de la plataforma, ya es importante. Aun así, no es claro que la compra de Twitter asegure esta influencia en política y que dicha influencia sobreviva en el tiempo. Comprar Twitter es una decisión de apostadores. Pero es una apuesta fuerte”.

Los “porqué” de Musk

Elon Musk ha mostrado un olfato admirable para los negocios, pero también una personalidad inestable. La decisión de comprar la red social no parece motivada por factores económicos. La red social ha dado ganancias en solo un puñado de trimestre y han sido más frecuentes los quebrantos.

El 4 de abril, Musk compró el 9,2% de las acciones de Twitter por cerca de 40 dólares cada una y su cotización subió de manera pronunciada. Tres semanas más tarde se ofreció a pagar 54 dólares por cada acción que aún le faltaba para así tomar el control total de la empresa por un total de casi 44.000 millones de dólares. Ese “premium” que pagó por encima de la cotización (ya elevada por las expectativas que él mismo había generado) hizo que la oferta sea prácticamente imposible de rechazar para la junta directiva de la empresa. Para conseguir el dinero Elon Musk puso en garantía acciones de sus empresas, entre las que se cuentan la automotriz Tesla y SpaceX, que brinda servicios aeroespaciales.

Si la decisión no parece económica, ¿qué motivó a Elon Musk a hacer semejante compra por una cifra que equivale a cerca de un sexto de su fortuna personal? ¿Un capricho o una apuesta con fundamentos?

–Una comparación que hago de Elon Musk es con [Henry] Ford, mucho más que con [Nikola] Tesla o [Thomas] Edison. Musk es alguien que tiene un muy buen olfato para la economía de la tecnología, al estilo de Ford y de esos magnates de fines del XX, millonarios del negocio y de la tecnología. Eso lo caracteriza más que el hecho de ser un innovador tecnológico. Muchos consideran que hay un cierto grado de inestabilidad, no sé si decir psicológica porque uno no quiere hacer evaluaciones clínicas de la gente, pero digamos que, por lo menos, en su figura pública es alguien profundamente inestable como actor económico y político.

–Dice que tiene una mirada económica sobre la tecnología, pero Twitter es una empresa que da pérdidas prácticamente todos los trimestres. ¿Le parece que él tiene ideas para ganar dinero?

–Creo que Twitter no es una máquina de ganar dinero; es una máquina de influencia política. Para alguien que tiene negocios que dependen tanto de la política, como por ejemplo SpaceX, tiene sentido tener un medio. Así como Jeff Bezos compró el Washington Post, Twitter es una apuesta a incrementar la influencia política de Elon Musk. Toda el área espacial, tanto los proveedores como los que financian los lanzamientos, todos los actores principales que sostienen este negocio, son actores políticos. El principal cliente para la industria aeroespacial son los gobiernos y lo van a ser por mucho tiempo. Entonces, si bien todo lo que tiene que ver con Tesla es netamente privado, todo lo que tiene que ver con tecnología espacial es es algo que provee mayoritariamente a gobiernos, desde satélites hasta el despliegue de servicios de apoyo a la estación espacial internacional. Entonces el futuro comercial de Elon Musk para mí depende más de la tecnología aeroespacial y de sus sociedades con los distintos gobiernos que de Tesla y de sus negocios en el sector privado.

–E interviene en un momento político muy particular.

–Sí, también hay un elemento de intervención política muy trumpista [por Donald Trump] como actor económico. Su alineamiento político con Trump, que no es explícito, es más un estilo de intervención en la plataforma que le puede dar voz a Trump, a que sea un un aliado estratégico del expresidente. Eso no lo sabemos aunque puede llegar a ser el caso. Pero desde el punto de vista del discurso económico de él, tiene un elemento muy trumpista de usar Twitter para influir, producir disrupciones, en los mercados. Tal es así que el la junta directiva de Twitter tiene una cláusula en la compra por la cual puede llegar a inhibir a Musk de completarla si genera oscilaciones importantes en el mercado a través de intervenciones impropias. Varias veces Musk estuvo en el ojo de la tormenta por investigaciones por manipulación de mercado por sus intervenciones en Twitter. Con lo cual, desde el punto de vista de las intervenciones en las redes sociales, hace algo muy similar a Trump pero económicamente.

–¿Cómo se compatibiliza el uso de Twitter como parte de su estrategia empresarial y la idea que expresa de ser un “absolutista de la libertad expresión”? ¿No le puede jugar en contra si se ve que manipula la red en su favor?

–No, en verdad el tener el canal de Twitter no implica ejercer ese poder en forma indirecta y constante. O sea: el monopolio de la violencia legítima del Estado no implica el uso frecuente de ese monopolio, sino que simplemente es una potestad. Tener control político de la plataforma es un acto de poder, que le da ciertas opciones. No necesita usarlo. Tampoco estoy diciendo que va a estar manipulando Twitter para llevar adelante operaciones. Eso ya lo está haciendo él individualmente con su propia cuenta. No tiene que ver con modificar los algoritmos. Para mí ese no es el punto. De hecho Twitter es una plataforma que es menos sensible a los algoritmos que Facebook. Mi impresión es que tener el canal abierto y el control de la plataforma, que es también el motivo por el cual [Paul] Singer compró un paquete accionario en su momento durante la elección de 2020, ya le da una cierta influencia que es importante. Respecto de las declaraciones de Musk sobre la libertad de expresión, en este momento ese lenguaje es una apertura clara hacia el trumpismo y hacia la derecha de Estados Unidos. En Argentina creo que a veces se ve con mucha más tolerancia que en Estados Unidos lo que pasó con Trump. Habría que pensar esto más como si en Semana Santa, [Mohamed] Seineldín hubiera utilizado Twitter para coordinar el alzamiento. La libertad de expresión es siempre una libertad que uno trata de maximizar pero está sujeta a ciertas restricciones como, por ejemplo, no gritar “Fuego” en un teatro o la incitación al crimen. Hay una cantidad de cosas que son parte de los elementos de regulación de la libertad de expresión. El problema de si la cuenta de Trump tiene que ser dada de baja o no, no es un problema tan sencillo como simplemente discutir si la libertad de expresión es aceptada o no.

–¿Pero no es muy simplista la mirada de Musk sobre el tema de la libertad de expresión? ¿No le puede jugar en contra?

–No estoy muy seguro. Lo cierto es que entre los discursos públicos y los argumentos por los cuales se suben o se bajan cuentas hay muchísimos grises. O sea, perfectamente puede Musk por un lado expandir esto que él entiende como libertad de expresión, habilitar las cuentas y, al mismo tiempo, establecer una política más agresiva de moderación de contenidos. No serían inconsistentes estas dos cosas. Entonces una de las cosas que pasan con este tipo de encuadres de libertad de expresión propuesta por Musk, que sería algo así como “libertad de expresion es permitir hablar a quien quiera hacerlo”, es que perfectamente permite reclamar que la libertad de expresión es que todas la cuentas tienen que ser dadas de alta pero, al mismo tiempo, puede decir que el control de moderación de los contenidos debería ser más extenso. En resumen, ampliar “quién” y reducir “qué” se puede decir. Los republicanos consistentemente usan, según si están fuera del poder o en el poder, esta doble lectura sobre cómo interpretar, por ejemplo, la independencia de los Estados. Cuando están en el poder en el ejecutivo nacional llevan adelante políticas que pasan por encima de las autonomías de los Estados para decidir, y cuando están en la oposición utilizan la autonomía de los Estados para resistir la política federal. Entonces no son incompatibles. Perfectamente el aumento de la libertad de expresión puede ser declarado en función de cuáles cuentas se habilitan y, al mismo tiempo, que el ejercicio de la moderación de contenidos sea más intenso. En ningún momento ha expresado Musk que esas dos cosas están atadas. Y estando en la política de Estados Unidos durante muchos años uno sabe que entre lo que se declara inicialmente y lo que se hace eventualmente hay siempre cambios posibles porque el argumento político por excelencia es que las condiciones cambian y entonces uno cambia también.

No es un loco

–Pensando concretamente en esta idea anunciada de que los usuarios tengan que identificarse en la red, ¿qué efecto puede tener eso?

–Esa es una buena pregunta. Depende de cómo se ejerza, porque validar las cuentas, en general, se hace a partir de teléfonos. Hay un proceso de verificación de cuentas importantes que son de políticos, oficiales, etc. que es más extenso que simplemente el uso del teléfono. Eso no se podría usar para todos los usuarios porque es muy costoso verificar millones de cuentas. Por otro lado, en algunos países eso puede limitar quién usa Twitter si hay probabilidad de represalias por parte del poder político. En Estados Unidos diría que la probabilidad de que surjan represalias de los privados es más alta que de represalias con origen en el sector público. Pero la probabilidad de sufrir consecuencias es real.

–Si se lograra identificar a todos los usuarios, ¿ayudaría al menos a reducir las campañas de desinformación?

–El aumento de las cuentas que son validadas podría limitar las operaciones de desinformación si la mayor parte de esa desinformación viniera de afuera y fuera astroturfing, como se llama a esa actividad artificial. Pero en Estados Unidos la mayoría de las cuentas que distribuyen desinformación no son astroturfing, sino que son cuentas que muy posiblemente pasarían la evaluación de validación. Así que el diablo está en los detalles, la letra chica define mucho cuál es el alcance de estas cosas. Cualquier política que se propone siempre tiene mecanismos de excepción, con lo cual hasta que uno no tiene la política implementada es muy difícil saber cuál va a ser el impacto.

–Twitter no llega a los 400 millones de usuarios, una cantidad muy menor que la de Facebook.

–Sí, pero esa base de usuarios incluye a todos los actores políticos de peso, a todos los actores económicos de peso. No hay organización relevante que no tenga cuenta de Twitter y no hay ninguna organización relevante que no comunique a través de Twitter y no hay ningún medio de comunicación importante que no cite publicaciones de Twitter cuando tiene que dar crédito a lo que dicen los actores políticos, actores económicos, actores sociales de peso. Si bien su base usuaria es mucho menor que la de Facebook, es la plataforma en la cual todos los actores políticos, sociales y económicos hacen declaraciones importantes con su propia voz. Entonces es una plataforma importante. Es una plataforma que tiene un gran valor de mercado y mucho peso político. ¿Vale cuarenta y tres mil millones? Eso es otra cosa. No lo sé y no creo que alguien lo sepa. No tiene el retorno económico para justificar cuarenta y tres mil millones, no tiene las perspectivas de ganancia en el mediano y largo plazo para justificar ese precio. Y, sin embargo, uno no piensa que Elon Musk esté loco.

¿Una fortuna en riesgo?

–Uno de los que ponen plata es Goldman Sachs. ¿Significa que ellos creen que Twitter dará dinero o simplemente que Musk va a poder pagar la deuda?

-Musk va a pagar ese capital que tomó con préstamos. Si bien hace, digamos, diez años que se habla de una burbuja en el sector tecnológico, no está claro que las acciones de Tesla y de SpaceX en este momento estén infladas. Es más, diría que todos teníamos la percepción de que esas acciones estaban más infladas hace tres o cuatro años que ahora porque vimos una transición tecnológica en la cual las operaciones de SpaceX en el espacio son muy exitosas. Entonces, la posibilidad de retornos positivos es clara y en ese sentido yo diría que Musk está en este momento mucho mejor parado financieramente que hace tres o cuatro años. El préstamo va a ser pagado. Y en los próximos dos años va a venir una elección muy crítica en Estados Unidos y Twitter va a jugar un rol importante, con lo cual las acciones no van a caer en los próximos dos años, los inversores van a sacar su tajada y los créditos no van a estar en riesgo.

-¿Y las finanzas de Musk mismo? Acá está poniendo el equivalente de un sexto de su fortuna personal. Si “choca” Twitter puede ser grave para él.

–Sí. Y además uno no sabe cuál es el nivel de liquidez que tiene para absorber un golpe de ese estilo o sea que hay muchas cosas que son imponderables. Por otro lado, es un sexto a la tasación de sus activos económicos actuales, que uno no sabe cuánto van a representar en dos o tres años. La deuda está en “hard money”, en cifras fijas, mientras que todo lo que él tiene oscila junto con el valor de las acciones de sus empresas. Así que es difícil saber cómo jugarán estas variables. Pero yo no creo que Twitter como compañía vaya a perder en los próximos dos o tres años mucho valor. No, no lo creo.

–Pero si uno mira lo que pasó con Facebook o con Netflix, ¿no podría preocuparse uno por el destino económico de Twitter?

–La verdad que hemos estado hablando de la pérdida de espacio de mercado y de la sobrevaluación de las acciones de Facebook durante una década y lo mismo con Twitter. Se ha estado hablando de la caída de Twitter como plataforma, sus reemplazos, su caída de valor de mercado. De hecho, cuando salió como compañía pública, Twitter tuvo valores de mercado muy por debajo de lo que se esperaba. Es algo que está siempre ahí pero nunca termina de efectivizarse. No está claro todavía que vaya a surgir un reemplazo, un actor que ocupe el espacio de mercado de ambas compañías. Están apareciendo muchos competidores, hay migraciones a plataformas, pero por el momento no ha habido golpes fuertes en la base usuaria. Entonces es muy difícil anticipar qué va a pasar. Lo cierto es que tampoco queda muy claro que Musk vaya a poder vender Twitter. No está claro si habría compradores dispuestos a pagar lo que vale, menos aún que cubran el “premium” que ofreció Musk. Incluso si lo vendiera al valor del mercado que estaba antes habría pérdidas significativas. Así que yo creo que eso no se sabe.

–Y Twitter deja de cotizar en bolsa.

–Claro: pasa a ser una compañía privada. Si la volviera a hacer pública o si la vendiera, en ninguno de los dos casos está claro que pueda recuperar el capital que está poniendo. Él está pagando por encima del valor del mercado. Así que, la verdad, es imposible pensar en la compra de Twitter como simplemente la compra de una compañía en función de cuáles son las expectativas de ganar dinero. Y sin embargo nadie cree que la compra es loca. Piensan que es excéntrica. Pero es muy difícil medir el valor del mercado y el valor político de Twitter.

We wish to say thanks to the writer of this article for this outstanding content

Cómo entender la apuesta de Elon Musk por Twitter | El especialista en redes sociales y política Ernesto Calvo analiza la jugada del multimillonario